Alonso Cueto (Lima, 1954) es ya un hombre experimentado en las lides literarias. Ha publicado una decena de obras de narrativa y ha obtenido el premio Wiracocha y el Anna Seghers de Alemania. En una de sus anteriores novelas, El otro amor de Diana Abril, se intuía lo que estaba por llegar. Y lo que nos ha llegado ha sido este espléndido relato, Deseo de noche, editado con todo el esmero del mundo por la editorial Pre-Textos. En las solapas del libro se nos anuncia una mezcla de thriller y de novela romántica, como así sucede en realidad. Deseo de noche nos atrapa desde su primera página, y el secreto no es otro que la siempre necesaria –en toda obra que así se precie- verosimilitud: el espectador se ve envuelto en una trama en la que no puede dejar de participar: Los personajes, Julián y Laura fundamentalmente, nos resultan cotidianos, conocidos nuestros que, por las circunstancias, se ven obligados a jugar con fuego. Y el fuego no es otro que la pasión amorosa, que puede llevarnos hasta extremos insospechados. Julián, además, es un personaje muy bien perfilado, trazado con una precisión milimétrica, hasta el punto de recordarnos, por su manera de ser; por su timidez y su pudor; por su condición de individuo apartado del mundo, por su fatalismo atroz, a ciertos personajes del Onetti de El pozo o El astillero. Una feliz y deslumbrante creación que le confiere la fuerza necesaria a una novela muy bien planteada y cuyo final nos resulta sorprendente, de ahí su parentesco con la novela policiaca, puesto que se trata de la reconstrucción de una historia que ya ha tenido lugar; dejando sus inevitables secuelas.
Decía el inolvidable –y, sin embardo, olvidado- Juan García Hortelano en su Gramática parda que, en lo referente al género novela, el problema se reduce a saber qué decir y cómo decirlo. Alonso Cueto, sin duda una de las voces más frescas y originales de la literatura hispanoamericana actual, salva tales obstáculos con excelente nota y nos lega una novela sobre el amor y el miedo al que nos conduce ese amor; con un perfecto dominio del tiempo de la narración y un estilo en consonancia con el tema que nos propone. Miel sobre las hojuelas.
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