Alonso Cueto, escritor, literato, articulos sobre temas peruanos, relatos, cuentos, teatro, la batalla del pasado, el tigre blanco, los vestidos de una dama, deseo de noche, amores de invierno, el vuelo de la ceniza, cinco para las nueve y otros cuentos, palido cielo, demonio del mediodia, el otro amor de diana abril, encuentro casual, grandes miradas, valses rajes y cortejos, el susurro de la mujer ballena, la hora azul
Encuentro Casual
 
Encuentro Casual
(Teatro)
 

En “Encuentro Casual” de Alonso Cueto, los personajes Percy y Luly traducen un deseo de comunicación para superar su soledad exterior e interior. Ambos se encuentran en un punto crucial con matices de irreversibilidad. Sin embargo logran descubrir sus impulsos de ayuda y curativos, como Searles los llama. Eso hace que afloren en ellos condiciones de terapeutas y analistas naturales.

La primera frase de Luly (“¡Qué frío que hace!”) expresa el abrigo que echa de menos para ella, pero al mismo tiempo el que le está ofreciendo a Percy. Cuando él se aleja, Luly continúa: “¿Tienes fuego?” Percy se aleja otra vez, como trasmitiendo lo que otros posiblemente han hecho con él. Más adelante Luly dice, “Bueno, no me importa, aquí seguiré, pues, solita mi alma, como siempre!”, comunicándole que no solamente él está solo. A lo largo de este diálogo los personajes posiblemente no se dan cuenta del significado paralelo de las frases que intercambian. Cuando Percy le dice: “Sepa, señorita, como se llame, que yo no estoy solo. Yo estoy acompañado y bien acompañado…?”, Percy no sólo niega su realidad, sino que la invierte. Cuando en cambio ella le dice que es una “puta”, él se asombra de que ella, a diferencia de él, sea capaz de reconocer lo que es.

Percy se refiere a los tipos que “le pagan para irse con usted, desgraciados y perdidos, igual que usted, que todos los infelices de este mundo”. al hacerlo, traslada a otros la infelicidad que él vive. Luego agrega: “Y ahora, me voy. Con su permiso, señorita, porque tengo algo muy importante que hacer”. En este pasaje, a pesar de que ella ha reconocido que era una prostituta, él la trata como “señorita”. Por un lado quiere verla como lo que ella aparente pero por otro lado la trata como lo que quisiera que ella fuera: una señorita solamente interesada en él y no en su plata. Ella trata de retenerlo preguntándole “¿Qué es lo que tienes tan importante qué hacer”. Al mostrarle la pistola y al decirle que iba a hacer algo con eso, Percy le está comunicando que desearía que ella lo disuada.

Percy alude al suicidio como una prueba de valentía. Sin excluir la malignidad de la fantasía del suicidio, yo diría, más bien que el suicidio viene de una mixtura en la que a veces predomina más lo cobarde y a veces lo valiente. A quien Percy quiere matar no es al padre externo prioritariamente, sino al interno que vivía en él y del cual no se podía librar. Cuando Percy amenaza a Luly con la pistola y le pide disculpas, se genera una revelación de la realidad en él, un retorno a lo real. Percy dice: “Necesito que alguien me ayude”.

Este es un momento crucial. Percy pierde su omnipotencia y reconoce la importancia de la otredad, de ella. Aquí se inicia un diálogo distinto, en lo que se destaca ya no la cosificiación y la denigración, sino la distintividad, es decir el reconocimiento de la identidad, el nombre del otro o la otra. Al darse cuenta de que Luly lo descubre, Percy guarda el arma. Ella también desea compañía a pesar del peligro que encierra. Quiere impedirle que se suicide. Se sienta en la misma banca. Quizás las luces de los carros representan lo que podría iluminarlos en la confusa semioscuridad en que se encuentran. En Percy se presenta un típica situación edípica con el sentimiento de malestar, de cólera, de odio al padre del mismo sexo, pero también con sentimientos de afecto. Él intenta eliminar esto de su interioridad, pero al no poder hacerlo, es decir matarlo dentro ni fuera de él, intenta matarse él mismo; matar al padre interno que lo persigue. Luly intenta ofrecerle puntos de apoyo. Ambos en su momento tratan de hacer recuperar la estima y la dignidad del otro. Si Luly es terapeuta de Percy, éste también elige ser terapeuta de Luly. Percy reeemplaza su tentación de suicidio por su tentación de de redención. Se compromete a ayudar a Luly no sólo a que siga viviendo, sino a que cambie de vida. la generosidad y la realidad se dan en Percy quien afirma que quiere salvarla no sólo por ella sino por él mismo. Percy se quiere librar del padre por el enorme espacio que éste ocupa dentro de él.

En su caso, el padre es censura, fiscalizador, culpabilizador. Luly es un reemplazo de la madre. Abre su cartera donde tiene una botellita de licor y se la ofrece (un equivalente vicariante de la lactancia materna). A lo largo de gran parte de este diálogo Luly acierta en sus intervenciones naturales, sin darse cuenta de lo terapéutico que son. Cuando Luly le manifiesta su deseo de tener un hijo, vemos la cercanía entre creatividad psíquica y creatividad biológica. Uno de los temas de “Encuentro Casual” es la importancia y trascendecia de los padres. Para Meltzer, la forma como uno ha internalizado el coito entre sus padres es una de las expresiones más importantes de la salud mental y para Paula Heimann no sólo el coito sino la relación total entre ellos. En el segundo acto Luly introduce a Percy en su casa real e interna, traduciendo el inicio de un vínculo más profundo. Bobby, el hombre, caficho y hermano, reconoce la sanidad de Percy, e intuitivamente de Luly, cuando le adjudica una locura maternal. Entonces surge en ella el conflicto: quedarse con Bobby o irse con Percy. Bobby manifiesta que es un sinvergüenza y trata de exhibirse como tal pero descubrimos en él la existencia de sentimientos nobles reprimidos.

No sólo se reprime lo malo sino lo bueno. Al revelarle la muerte de su padre, Bobby se enfrenta a su ambivalencia entre expulsar a Luly, negando sus sentimientos de afecto, y por otro lado retenerla al querer expulsar a percy. Sólo, con la pistola y frente a su amigo, su sometido y su eco Beto, éste le sugiere usarla y Bobby le responde: “Todavía no quiero morirme, tengo que hacer mucho en este mundo”. Mira el retrato de su madre y le dice: “Creo que tu hija encontró un buen partido, mamá, se ligó a un héroe. A lo mejor ya no va a ser puta”. Y brinda, “¿Salud, carajo!”. Apenas necesitó un encuentro casual.

Saul Peña
Suplemento El Dominical
Diario El Comercio
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Alonso Cueto Caballero
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