Alonso Cueto, escritor, literato, articulos sobre temas peruanos, relatos, cuentos, teatro, la batalla del pasado, el tigre blanco, los vestidos de una dama, deseo de noche, amores de invierno, el vuelo de la ceniza, cinco para las nueve y otros cuentos, palido cielo, demonio del mediodia, el otro amor de diana abril, encuentro casual, grandes miradas, valses rajes y cortejos, el susurro de la mujer ballena, la hora azul
La Hora Azul
 

La Hora Azul
La Hora Azul









La Hora Azul

(Novela)
 

La hora azul de Alonso Cueto (Lima, 1954), es el relato en primera persona de Adrián Ormache, abogado de la clase más acomodada de Lima, cuya realidad ha respondido siempre a condiciones privilegiadas. Ormache tiene un sueldo de 10,000 dólares, amigos importantes, presencia en las páginas sociales, esposa e hijas lindas, vacaciones en el Caribe. Un mundo tan perfecto que parece de novela. Sin embargo, un día muere su madre y ese hecho destapa una serie de informaciones cruzadas que lo impulsan a barajar los acontecimientos de su vida de una manera distinta. Se entera de que su padre, comandante de la marina fallecido algunos años antes, estuvo destacado en Ayacucho a cargo de un centro de detención y tortura de presuntos terroristas en la Guerra de Sendero Luminoso. Ahí, entre otros excesos, violaba a las mujeres antes de entregárselas a la tropa para que ésta continúe los abusos. Pero cierto día llega Miriam, de quien el marino se enamora y retiene para sí (“protegiéndola” de la suerte que corrían las mujeres en ese lugar), hasta que en un descuido ella logra escapar de su secuestrador. A estos descubrimientos Adrián asocia el recuerdo de las últimas palabras de su padre: Hay una chica, una mujer que conocí una vez, o sea, no sé si puedes encontrarla, allá, búscala si puedes, cuando estaba en la guerra. En Huanta. Una chica de allí. Te lo estoy pidiendo por favor. Antes de morirme.

Se inicia entonces el periplo de Adrián Ormache quien deambula por las zonas marginales de Lima y por los territorios arrasados de Ayacucho (en castellano, rincón de muertos) para dar con el paradero de Miriam. Durante esta búsqueda –que adquiere aires de novela policial– el personaje va tomando distancia crítica con su mundo habitual al tiempo que le son revelados múltiples hechos de horror, no solo imputables a su padre (un secreto de familia guardado con celo), sino al Perú de la guerra, a los métodos de Sendero y a las estrategias contrasubversivas de los militares.

La novela empieza a transitar hacia otro lugar después de que Adrián asiste a un ritual de danzantes de tijeras ayacuchanos, danza que lo enfrenta con la valoración del dolor como donación a la vida y resistencia a la muerte. Más allá de la búsqueda de la chica, comienza a aguzarse en él la pregunta por la identidad del padre y, bajo esa capa, la urgencia de la agnición o reconocimiento personal. Sin trivializar el tema, el protagonista asume y redime las culpas de su progenitor y, con ello, nos convoca a leer la redención en clave del género humano. Su viaje no tiene, por tanto, una dirección única: el descenso hacia el horror va seguido del retorno al punto de origen, espacio que ha sido transmutado al transformarse el sujeto que lo habita.

No quiere este texto subrayar frases que se construyan como magnas verdades filosóficas. Sin embargo, la novela en su conjunto resulta ser una gran reflexión sobre los límites del ser humano cuando se ve enfrentado a la violencia, al dolor de los sobrevivientes que necesitan (o no pueden impedirlo) vivir con la memoria de los muertos, a la difícil realidad de los desplazados que tratan de reinventar sus vidas en territorios extraños, al aniquilamiento de las personas y la desaparición de sus cuerpos. Sin falsas recetas morales, Cueto nos da la oportunidad de cavilar acerca del imperativo ético que nos mueve a actuar en consecuencia ante tales testimonios. Y en medio de todo, inevitablemente, la cercanía de Eros y Tánatos, el amor y la muerte.

Desde el extrañamiento hacia la resignación. Así podría dibujarse el movimiento de esta conmovedora e importante novela de Alonso Cueto, el de su protagonista, el de la experiencia y la travesía que nos narra. Pero no sólo en el sentido más evidente que ofrecen estas palabras, sino en uno más viejo, más esencial y radical. Extrañamiento como destierro de sí mismo, como no reconocerse en el propio cuerpo, en el núcleo vital que originalmente nos sostiene y protege. Y luego la resignación, como el gesto de reiterar la signatura, la identidad y lo propio, el signo íntimo y distintivo; afirmación sustancial que ha incorporado el extravío y la pérdida –y el desgarro que ésta conlleva– como única salida para seguir viviendo.

Por: Lucero de Vivanco Roca Rey.
Barcelona: Anagrama, 2005, 303 pp.
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Alonso Cueto Caballero
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