Acabo de leer Sueños reales de Alonso Cueto y, como en mi primera juventud, tengo la sensación de que acabo de descubrir la literatura.
Al escribir sobre la vida y la obra de sus héroes literarios, lo que hace en realidad Cueto es inocularnos la pasión por los libros, la obsesión por la escritura y el hechizo por las historias intensas e imaginarias.
Sueños reales es un catalizador de placeres secretos y, como tal, pertenece a esa clase de textos que ayudan a afirmar la vocación del lector. Detrás de la amante ficticia de Juan Ramón Jiménez, la elegante langosta de Nerval, la debilidad por las niñas de Carroll y las vidas plurales de Conrad, Nabokov, Svevo o Flaubert se esconde, como en las cajas chinas, una historia madre: el amor por las ficciones verdaderas.Si yo fuera un lector primerizo, tengan la seguridad que después de leer este libro quedaría enganchado con la literatura. Y si en caso contrario fuera un viejo lobo en estos menesteres, tengan la absoluta certeza de que no me arrepentiría de mi elección
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