Alonso Cueto, escritor, literato, articulos sobre temas peruanos, relatos, cuentos, teatro, la batalla del pasado, el tigre blanco, los vestidos de una dama, deseo de noche, amores de invierno, el vuelo de la ceniza, cinco para las nueve y otros cuentos, palido cielo, demonio del mediodia, el otro amor de diana abril, encuentro casual, grandes miradas, valses rajes y cortejos, el susurro de la mujer ballena, la hora azul
El susurro de la mujer ballena
 
El susurro de la mujer ballena
El susurro de la mujer ballena

El susurro de la mujer ballena
(Novela)
 

Cuando se aborda el tema  de la más trascendente literatura hispanoamericana los primeros nombres que acuden  a la mente de la mayoría de los lectores  son los de Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Octavio Paz,  Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Benedetti. Por supuesto son muchísimos más los autores con méritos suficientes para destacarse y por extensa que se hiciera la lista siempre incurriríamos en omisiones indebidas. Ya lo dijo Borges con una frase insuperable: “A menudo en una antología los nombres más importantes son los que se omiten”.

         Eso sí, hay que reconocer que si las omisiones graves pudieran evitarse,  el nombre del prolífico escritor peruano Alonso Cueto tendría que aparecer  en la relación de los autores vivos más destacados de las naciones americanas que se expresan en español.  Su novela más reciente, “El susurro de la mujer ballena”,  fue finalista en el primer Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa 2007. Se trata de un relato magistralmente construido, narrado en primera persona, a través de la voz de Verónica, periodista exitosa y muy atractiva que encuentra en un vuelo de avión a su antigua compañera de colegio Rebeca, una mujer descomunalmente obesa. Por un morboso apego, por añejos resentimientos y un anhelo de venganza surgido 25 años atrás, Rebeca hace sentir para mal su enorme peso en la vida de Verónica. No ha superado el hecho de haber sido víctima de crueles burlas y humillaciones en su época colegial por parte de sus compañeros que la despreciaban por su pasmosa gordura, y aunque con Verónica pasó sábados agradables conversando, compartiendo lecturas y escuchando discos lo mismo de Beethoven que de Cat Stevens o simplemente yendo al cine, le reprocha jamás haberla defendido de sus abusivos condiscípulos y haber mantenido en secreto su amistad como si ésta fuera motivo de vergüenza para ella.

         Conforme avanza la narración se va advirtiendo que la existencia de Verónica no  es tan plácida como aparenta ser. Giovanni, su marido, es un sujeto apocado, insípido e hipocondriaco, que en lugar de trabajar y asumir sus responsabilidades se la pasa jugando golf. Es por eso que ella sostiene una relación de amasiato con Patrick, un galancete que a pesar de su superficialidad, la hace sentirse deseada como mujer, cosa ya no lograda por su parásito esposo. Por Patrick, Verónica cuida de manera obsesiva su apariencia, usando las cremas rejuvenecedoras más costosas y los cosméticos más caros, sometiéndose a dietas frugales y a sesiones agotadoras de ejercicios en un elegante gimnasio. Bien sabe que Patrick tiene otras amantes, pero ella se consuela suponiendo que es la favorita. Por otro lado, con su culto padre, ya viudo y con discapacidades propias de la vejez, mantiene una comunicación constante pero poco profunda. Le telefonea y visita con frecuencia para asegurarse que nada le falta, pero a pesar de haber sincero cariño entre ambos, no aciertan a expresarlo y él se entiende mejor con la enfermera que le cuida.  El único amor que nutre a Verónica y que es plenamente correspondido es el que le une a su hijo Sebastián.

         Rebeca, o revaca, como a veces la llamaban, es una mujer amargada a pesar de haberse visto beneficiada por una cuantiosa e inesperada herencia que le asegura para toda la vida un holgado ingreso. Esa riqueza le permite seguir y acosar a Verónica al grado de que compra un condominio en el mismo edificio en que vive Patrick y a su antojo logra aparecerse en reuniones  y en cocteles  a los que la periodista asiste. Incluso consigue que el editor de la sección cultural del diario donde labora Verónica le publique un artículo sobre Ernest Hemingway. Finalmente se revela que Rebeca estuvo enamorada de Christian, el primer novio de Verónica. Éste, participando en una broma cruel, común a los jóvenes insensatos de su generación, le hace creer a la obesa y entonces  ingenua muchacha que se siente muy atraído por ella y que  estaría orgulloso de llevarla al baile de fin de cursos. Por supuesto, todo termina en otra cruel humillación para Rebeca. Tiempo después Christian muere en un accidente,  pero Rebeca sigue deseando vengarse de la afrenta y obsesivamente convertirá a Verónica en objeto de su encono. Como se ve, el argumento difícilmente podría ser más sencillo, pero Alonso Cueto supo trabajarlo artísticamente y creó una novela de innegables valores literarios. La mayoría de los críticos admite que “El susurro de la mujer ballena”  es un bien logrado relato psicológico que aborda con agudeza los lazos familiares, las relaciones sociales y la realidad urbana con sus intrincados códigos y apremiantes convenciones.   

         El más famoso de los psiquiatras,  Sigmund Freud, alguna vez escribió: “La gran pregunta que jamás ha sido respondida y que yo tampoco he podido contestar, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es ésta: ¿qué es lo que quieren las mujeres?    Verónica en la novela parece darle la razón al padre del psicoanálisis cuando afirma: “No hay nadie que haya conocido a mi alma, ningún hombre conoció mi alma”. Alonso Cueto parece que sí conoce el alma femenina pues los lectores de su novela olvidan pronto que es una obra de autoría masculina y encuentran verosímiles y convincentes las actitudes, conductas y motivaciones de las  protagonistas.  El escritor peruano ha declarado  que  el tema de la novela son los pactos secretos de la amistad. A su entender lo peculiar de las auténticas amistades  es la serie de confidencias  que se guardan  e insiste que son las mujeres quienes están más capacitadas para compartir esas confidencias.

         Sin embargo, en la obra de Alonso Cueto no se puede concebir a las mujeres, ni siquiera a las más audaces, sin la presencia determinante de un hombre significativo. Al explicarle a la periodista argentina Araceli Otamendi como armó la novela el galardonado autor dejó ver  la influencia del freudiano complejo de Electra en uno de sus personajes centrales: “Para escribir este libro hago como cuando escribo todos mis libros: pienso en los personajes como si fueran seres reales y me pregunto qué les ha pasado, cómo han sido sus vidas, qué querrán y me interesaba mostrar la relación de Verónica con el padre. La relación de Verónica con el padre es lo que ha definido su vida”. A pesar de ese  lugar común de explicar las filias y las fobias de una mujer, así como sus manías y obsesiones en función de un hombre relevante, en este caso de la figura paterna, puede decirse con certeza que “El susurro de la mujer ballena” constituye una obra redonda y plena. La redondez de su forma y la plenitud de su fondo ameritan que usted la lea. Le garantizo su satisfacción. Por lo menos le dejará un agradable sabor de boca, amable lector.

 

Espacio de Antonio Álvarez
29 De Noviembre del 2010


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Alonso Cueto Caballero
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