Alonso Cueto, escritor, literato, articulos sobre temas peruanos, relatos, cuentos, teatro, la batalla del pasado, el tigre blanco, los vestidos de una dama, deseo de noche, amores de invierno, el vuelo de la ceniza, cinco para las nueve y otros cuentos, palido cielo, demonio del mediodia, el otro amor de diana abril, encuentro casual, grandes miradas, valses rajes y cortejos, el susurro de la mujer ballena, la hora azul
El tigre blanco
 
El tigre blanco
(Novela)
 
Editorial Planeta, 1985
Editorial Planeta, 2007

Mi lectura (una de tantas posibles) de El tigre blanco, la novela con que Alonso Cueto hace su primera exitosa salida al campo de la narrativa mayor, privilegia el diseño, la composición y la estructura de la obra que me parecen unos de sus valores más logrados. La novela, en efecto, se halla construida en base a un delicado, minucioso, preciso y eficaz juego de contrastes, de antítesis que se expresan a todos los niveles: el temático, el de los personajes, el de la organización del material. Una primera y fundamental polaridad se da entre, por un lado, la visión del mundo tradicional, conservadora que se expresa en un sistema de vida que repite sin variantes un modelo establecido, el “orden de las familias” que diría Jorge Edwards y que en este caso viene a ser el “american way of life” (la novela en su parte principal se desarrolla en New Orleans) y, por otro lado, la ruptura de ese sistema por el flanco más sensible, la institución matrimonial, transgresión que se consuma paradójicamente en nombre del amor. El desorden así instaurado en el seno de ese mundo rigurosamente organizado ilumina claramente otra contradicción básica, esta vez entre dos concepciones del amor. Una la que Potts, personaje principal, vive en su matrimonio con Kaye: un amor convencional, medido y rutinario, complemento indispensable por otra parte en la vida de un triunfador como él. La otra, el amor realizado a plenitud, sin condicionamientos, como el que viven Kaye y su amante Juan, el arquitecto peruano que junto con los dos ya citados conforma el trío de protagonistas. Sin embargo, Potts el impecable a los ojos de su mundo, ha conocido a su manera –otra contradicción- el amor pasión en su relación con Donna, una artista de cabaret a quien frecuenta antes de casarse pero a la que abandona sin escrúpulos cuando se instala en la vida matrimonial opuesta a aquellos amores relegados al ámbito de lo clandestino. Otro contraste se da entre la miseria y la humillación en que se desenvuelven la infancia y juventud de Potts y la opulencia y poder de que disfruta en su madurez. Este éxito total como hombre de negocios se opone a su vez trágicamente con su cabal e irremisible fracaso amoroso que lo conduce al suicidio. Una versión menor de la misma antítesis la vive Donna que alcanza fortuna y comodidades en medio de una desolada ausencia de amor (solamente amó en verdad a Potts lo que configura a su vez otro patético contraste: Potts amado por la mujer que abandona, desamado por aquella otra a la que a su modo se consagra).

Si se examina a los personajes se comprueba que ellos encarnan alguno de los mundos opuestos. Así Potts, la tía y la madre de Kaye y algún otro representa a cabalidad la sociedad establecida, la de las “buenas conciencias”. Kaye ha pertenecido también a ese mundo aunque algunos indicios presagiaban su huída. Una primera crisis se produce cuando en la intimidad se enfrenta con la frustración insalvable de su vida matrimonial. La llegada de Juan, por eso, le abre las puertas a la felicidad que creyó negada y le facilita a la vez el abandono de su mundo. Alejamiento pasajero es cierto ya que luego de la muerte de Potts y de un breve ostracismo a que la condena la familia, se reincorpora a él. Sólo el regreso de Juan en su busca y su partida al Perú para iniciar juntos una nueva vida la arrancan definitivamente de ese universo. Cabe pensar no obstante que con Juan se incorporarán a otro orden establecido, el de la burguesía peruana. Juan en efecto no es un rebelde, si rompe las normas es movido por un gran amor y sólo en lo que respecta a la institución matrimonial.

Por lo demás los personajes no se limitan a representar un mundo o unas ideas. Bien construidos psicológicamente tienen convincente vida propia aunque extrañamente –y ésta sería casi la única objeción que esgrimiríamos frente al logro literario de la novela- uno de los más importantes, Potts, el “tigre blanco”, nos parece un poco esquemático y convencional, de una sola pieza en su papel del típico “self made man”.

Hemos visto y fragmentariamente apenas un aspecto de la novel. El espacio no permite más. Concluimos: El tigre blanco es inicio excelente de una carrera de novelista auténtico.

El Tigre de cueto
Jorge Cornejo Polar
Revista Debate
Marzo 1986
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Alonso Cueto Caballero
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