Mientras muchos celebran los éxitos literarios presentes de Alonso Cueto, yo me quedo con el primero: El Tigre Blanco, una novela casi imperturbable y melodiosa, casi un relato largo que esboza la fragancia de un F. Scott Fitzgerald en El gran Gatsby y a la precisión de Henry James, para trasladarnos después hacia un recorrido y nostálgico canto de un peruano.
El título hace referencia al personaje principal: Potts, un arribista despiadado y calculador, frío e imperturbable, certero e implacable. No obstante, hasta los arrogantes tigres blancos pueden tener un espacio de infortunio, un pasaporte a la perdición. En este caso, será la traición amorosa y el despedazamiento del orgullo los que aniquilen el corazón de acero de Potts.
La novela se puede dividir en dos partes. La primera contiene el ascenso de Potts, un nuevo ejecutivo de un banco en crisis, que como Jay Gatsby, solitario y hermético, se convertirá en un rico con pasado desconocido. La descripción de New Orleans es fantástica, casi idílica. Una ciudad preciosa ataviada por un pasado entre aristócrata y burgués.
El narrador utiliza una polifonía de voces que nos insertan en la melodía de la trama, en las pulsaciones de la personalidad de Potts y su reino. Por otro lado, también nos ofrece el retrato de la familia anquilosada y herética de Kaye. Esta preciosa muchacha podría competir con la sutileza de la “Susan” de Un mundo para Julius, pero, a diferencia de esta, muestra su inconformidad y desasociego en una primera etapa.
Juan, el arquitecto peruano, aparece como un segundo ordenamiento en el argumento. Las posibilidades de que El Tigre Blanco pareciese una copia de la novela del neorrealismo norteamericano se difuminan con la aparición del personaje peruano. Esto sucede porque en adelante la caracterización del mundo nostálgico de Juan (precisamente sobre su ciudad, Lima) aparece como una alternativa entre esos dos mundos tan distintos, pero que juegan roles antagónicos para los actantes. Por un lado, New Orleans es la ciudad de Potts, su reino de poder y dinero, donde todo lo puede y posee, desde constructoras y bancos, hasta un ejército de empleados y sirvientes entre los que Kaye aparece como un hermoso trofeo. En el otro lado del mundo está Lima, el mundo perdido de Juan y todas sus nostalgias. Una acomodada clase media y una familia y amigos que podrían ser la atmósfera perfecta para huir junto a Kaye.
La transgresión de la sociedad conservadora, el ascenso sin escrúpulos en una ciudad nueva, el amor envenenado a costa de la tragedia, todos estos temas nos esperan en la lectura de este sorprendente libro, acompañada de una prosa casi maniática y perfecta.
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