La cuentística peruana, que obtuvo en la década del 50 el nivel de maestría que actualmente le reconocemos, extendió su importancia en tres ramas claramente identificables, de acuerdo al mundo representado. Una urbana, rural la otra, y la tercera refinada en sus temas y en su ejecución estilística.
Muestra significativa de la primera la constituyen los cuentos de Congrains Martin, Oswaldo Reynoso, Vargas Llosa, Ribeyro, Carlos Eduardo Zavaleta, Vargas Vicuña, de la segunda; y de la tercera Luis Loayza, considerado uno de los mejores prosistas peruanos de los últimos tiempos. En esta línea estilística de Loayza, es susceptible de ubicarse la producción narrativa de Alonso Cueto (Lima, 1954), quien con su último libro de cuentos, Los vestidos de una dama (1987), incrementa su corta pero significativa bibliografía, antecedida por los cuentos de La batalla del pasado (1983) y la novela El tigre blanco (1985).
A diferencia de La batalla del pasado, la mayoría de los cuentos de su último libro tienen como referencia inmediata ambientes peruanos y, más precisamente, limeños.
Es ésta una de las constantes que brinda unidad al libro y cohesiona al conjunto de relatos. La otra es el estilo elegante, mesurado, sumamente eficaz al momento de crear atmósferas de tensión y ligero erotismo. También es registrable la preocupación por abordar sutilmente diversos conflictos de la cotidianeidad de la mediana burguesía capitalina. Respecto a la temática, se advierte constantes como el amor, la venganza, la soledad y la frustración. Por otra parte, la perspectiva psicológica, presente a lo largo de todos los cuentos, cumple una labro pertinente para desentrañar las motivaciones que hacen actuar a los personajes. Como en su primer libro de cuentos, es el pasado la entidad que condiciona el presente.
Las criaturas de Cueto luchan, precisamente, contra la tiranía de ese pasado que para nada está muerto. De alguna manera, el individualismo de sus protagonistas consiste en derrotar la frustración anterior, pretérita, para poder existir con desenvoltura en un presente que es, y no debe ser, sombrío, atosigante paradójicamente viejo. En el cuento que da título al conjunto, los recursos y el estilo ya referidos configuran un relato cuyo motivo, la venganza, es narrado prolijamente y con gran dominio de la tensión psicológica. Elena, la protagonista, desarrolla un plan bien estructurado para vengar a su madre muerta.
Seduce al antiguo amante de su madre, quien agobiada por esta mácula moral, fue muriendo lentamente. El desenlace, el asesinato del antiguo amante, constituirá una salido no completamente feliz pero necesaria para que Elena pueda volver a sentirse cerca de su madre. En suma, este libro de Cueto incrementa su producción narrativa, refrenda una temática y un estilo ya presentados en sus anteriores libros y decididamente lo confirma como uno de los narradores más vigorosos aparecidos en la presente década. |