Hay en los nueve relatos que configuran el volumen una unidad otorgada no sólo por el aspecto estilístico (en el que Cueto se mueve con elegancia y madurez desde sus primeras entregas), sino –y sobre todo- por una atmósfera similar, que es a la vez opresiva y descorazonadora.
No se crea que estos dos términos valorativos carecen de sutileza: lo opresivo aparece velado con la máscara de la “normalidad” y lo descorazonador con la de la “resignación”.
Esto nos ayuda a comprender los oscuros mecanismos que impulsaban a personajes como el narrador Garassa, el humilde Pedro Romo, la enigmática Elvira y, por supuesto a la hermosa Elena en el magistral relato que da nombre al volumen.
No sé si se habrá invocado a la inevitable Emma Zunz de Borges (y, de paso, al “thriller” Vestida para matar de Brian de Palma), sólo quiero decir que entre Emma y Elena existe ese abismo insondable que en muchos casos se disfraza de homenaje para desorientar a los iniciados.
En todo caso la Dama de Cueto se asemeja más a la galería de máscaras que desfilan a lo largo del libro que a posibles deudas con autores de su predilección. Cueto, como se recordará, publicó en España La Batalla del Pasado su primer libro de cuentos (1983) y obtuvo el primer premio Planeta de novela con El tigre blanco (1985). |